La competitividad y los cristales metálicos

La competitividad y los cristales metálicos

2018-07-04T11:01:08+00:00 Por |Management y Liderazgo|0 Comments

La temperatura no es más que una medida del movimiento atómico/molecular. Cuando la velocidad de este movimiento cambia y alcanza un cierto umbral se producen los cambios de fase. De ahí, por ejemplo que el agua se congele, o se funda, a cero grados.

Lo mismo sucede con las aleaciones metálicas como el acero. En estado fundido los átomos de Hierro, Carbono, Níquel, Manganeso etc… que se trasladan libremente, pierden esta propiedad al congelarse en una estructura rígida. En el momento de la congelación en el cristal se alcanza la configuración más eficiente, la que conduce al mínimo estado energético, solo si cada átomo específico ocupa un lugar determinado en la red. Para ello es preciso que estos átomos del tipo adecuado se encuentren efectivamente en el entorno y puedan acceder a esa posición. Si no es así, bien porque exista un déficit del átomo en cuestión, bien porque la solidificación haya tenido lugar demasiado deprisa y la posición ya esté ocupada por otro átomo inadecuado etc… la estructura que se forma no es la ideal y aparecen defectos que conducen a eventuales problemas de fragilidad con su consecuente coste asociado.

Y, si habéis llegado hasta aquí, os preguntaréis ¿a qué viene este ladrillo que nos has endosado? ¿Qué tiene que ver esto con los costes laborales?

Muy fácil. El sistema laboral más eficiente, el que puede hacernos más competitivos, es aquél que facilita tanto el flujo de incorporación de los elementos más adecuados a cada cristal/organización como el de salida de aquellos elementos que no encajan en la red y la hacen menos competitiva. El hecho de que el símil químico nos permita exponerlo de un modo tan directo no le quita un ápice de realidad.

¿Cuáles son las causas de que estos flujos estén tan impedidos en nuestro entorno?

Pues en gran medida estos elementos no están disponibles por las grandes barreras de potencial que suponen los derechos económicos asociados a la antigüedad, que los mantienen cautivos en cristales donde probablemente su aportación no añade tanto valor a nivel global, o al menos, donde no aportan tanto como podrían en otros cristales/organizaciones del macrosistema económico. Lo mismo ocurre con los grandes pozos de potencial, los costes de despido, asociados al flujo de salida de aquellos elementos que no pueden mantenerse en la red y sin cuya liberación se corre el riesgo de desmoronamiento de todo el cristal al cabo de un tiempo más bien corto.

Vale, ¿y qué hacemos?

Primero, el mundo nos está enseñando el camino. No nos agarremos a viejos paradigmas que solo pueden hacernos cada vez más vulnerables. Reduzcamos las barreras y pozos de potencial y hagamos que los cristales crezcan por todos lados. Todos cabremos en ellos si crecen lo suficiente. Así funciona en mercados donde se aplica con más intensidad (USA, por ejemplo), y que tienen, qué duda cabe, ineficiencias en otros aspectos.

Por otro lado, afortunadamente los seres humanos no estamos sometidos a las leyes que rigen los orbitales atómicos. Éstos no pueden cambiar su entorno electrónico. Un átomo de magnesio, por ejemplo, lo será siempre, hasta que el universo se enfríe en un distante y tranquilo final. Pero nosotros no. Nosotros podemos cambiar nuestras capacidades, adaptarnos a las necesidades de las organizaciones y hacernos más atractivos para ellas. Tenemos la opción de decidir: mejorar nuestras competencias, asumir que el mundo de hoy es así, sigue estas leyes, y enfrentarnos a él con decisión e inteligencia.

El mensaje no puede ser otro. Si la batalla es inexorable, si no se puede evitar entrar en competencia, y en el mundo de hoy no lo pueden evitar ni las empresas ni las personas; entonces solo podemos prepararnos lo mejor posible: saber leer el entorno, detectar nuestras fortalezas y reforzarlas, asumir nuestras debilidades y eliminarlas. Y además hacer esto todo el tiempo.

Por nuestro trabajo en Renault Consulting vemos todos los días la batalla desde el interior de las organizaciones, a las que ayudamos a competir en un entorno cada vez más difícil. Solo los que se adaptan con rapidez tienen éxito. Lo sabemos. Prepárate pues.

*Foto: istockphoto (@gpacheco)

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